Antes lo he mencionado, quizás indirectamente. También es notoria la cantidad de veces que lo he leído en otros blogs que leo buscando nuevas vistas (son tan variados y tantos que uno puede leer lo que menos espera). Es la idea, una opinión que me molesta en algún punto pero que, ciertamente, es aplicable y tiene los resultados esperados. Me refiero al “no esperes mucho y te decepcionarán poco“. Si bien digo que funciona, lo cierto es que se baja tanto la vara que uno termina sintiéndose completamente solo. Mas allá de eso es a lo que voy, porque no quiero caer en ideas pesimistas o de tinte elitista.
Desde la general lo hacemos todo el tiempo, pero en cuanto vamos cerrando los círculos y acercándonos a las personas más allegadas, es en el preciso momento cuando me entra la incertidumbre punzante. Duele menos esperar poco de un conocido o de un compañero de ámbito que de un integrante de la familia o de un amigo cercano. Ídem cuando espero lo maravilloso y superdotado. Digo esto porque caer en extremos también es malo, ¿espero demasiado o espero muy poco? Ambas parecen igual de erradas, viéndolo así, más no se puede esperar lo necesario porque no hay forma de saber cuánto es realmente lo necesario, menos aún si tenemos que medirlo en base a cada una de las personas y “no meterlas en la misma bolsa“. Nuevamente con uno conocido “no se puede medir a todos con la misma regla“. Oh! La individualidad…
¿Cuál es la cuestión? Ya no sé para cuál lado medir, quisiera que dejar de medir fuera posible. Si espero mucho, justifico constantemente la falla con algún motivo que termine cayendo en lo “tonta que soy por esperar algo así de otra persona“. Si espero muy poco, me cuestiono a mí misma por ser tan poco ambiciosa, simplista o conformista. Sin embargo, las personas no se cambian con la mera expectativa, incluso si uno las hace patente, osa hacer la petición directamente, la libertad de negarlo no deja de existir y la obligación (por el motivo que fuera móvil) sólo generará un reproche.
¿Por qué cuesta arriba? Porque esto es puramente acumulativo. Vivir es recordar y la memoria puede fallar, pero no cuando se siente uno tocado.