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Temor

25 Oct

Estaba aterrorizada. Jamás en la vida había sentido algo semejante a lo que me acontecía. Sí recordaba momentos en los que quería que acabara pronto el temblor, instantes en los que un frío recorría mi espalda y me obligaba a retroceder. Vivencias de las cuáles probablemente no me pueda olvidar, como de alguna exposición oral, mi primer entrevista, una cita a ciegas, un asalto, un mal chiste frente a mi jefe… sin embargo, de ellas no queda más que eso, el recuerdo. Las sensaciones de esos tiempos se extinguieron junto a los segundos de alivio que uno puede sentir cuando tu madre te sonríe y dice que todo termina pasando para bien, que no es más que una experiencia que necesitas tener para continuar con el mundo; para valorarlo aún más.
Supe que esto era diferente. Elevé la vista al cielo anaranjado del amanecer primaveral, sintiendo cómo la brisa helada golpeaba mis brazos, arremolinaba mi cabello. No sólo fue un temblor, una sensación de vacío inexplicable comenzó a extenderse desde mi estómago y ya no pude deshacerme de ella mientras mis ojos viajaban de un lado a otro de aquél cielo oscurecido de manera tan sobrecogedora.
No puedo explicar qué era aquello, pero su oscuridad pacífica me ensombrecía. Dudas sin sentido y sensaciones que no se transformaban en palabras, ni siquiera en imágenes, me invadían, como si un nuevo lenguaje se desarrollara dentro de mi cuerpo, dejando fuera mi conciencia de cualquier discusión que se estuviera llevando a cabo.
Las rodillas chocaron una con otra y terminaron por golpear el suelo. Apoyé mis manos mientras sentí que un par de lágrimas cálidas se deslizaban por mis mejillas. Sin poder levantar la cabeza, aún temiendo que lo que no entendía sucediese, hice flotar mi visión de un lado a otro de la vereda. Nadie más estaba allí, nadie más notaba aquella mancha en el cielo más que yo.
¿Acaso también todos habían desaparecido? Hacía sólo un instante que estaba caminando por allí sin percatarme de nada, oyendo las conversaciones ajenas fragmentadas que llegaban a mí al pasar; escuchando las frenadas de los automóviles en las esquinas. Incluso los aromas.
No había nada. Mis dientes golpeándose era todo el sonido que había allí. El cantar de las aves, el viento, los celulares, los pasos, todo había sido tragado por aquel abismo celestial que giraba sobre mi cabeza.

02 de Noviembre de 2009

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1 comentario

Publicado por en 2010/10/25 en Escritos

 

Una respuesta a “Temor

  1. Julia

    2010/10/25 at 11:17 PM

    Que interesante!! Me gusto mucho esto!! 😀

     

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