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[feb11] día doce

12 Feb

Querido amigo, – pensaba sentado en el banco de la plaza, aletargado por el sol de la media tarde primaveral y el fresco de la brisa – hace tiempo que no nos vemos, ¿Verdad? Ha pasado mucho tiempo y las cosas han cambiado. Ya no me encuentro perdido en los mares pescando incertidumbres, tampoco sigo buscando puertos dibujados en mapas piratas – seguía dictándole la conciencia – finalmente he encontrado una isla caribeña; un sitio donde yo y sólo yo disfruto de todos y cada uno de sus frutos. Fue casi una casualidad, pero no me arrepiento de ninguna forma, si bien ya he superado eso de los intentos de naufragio – se acomodó mejor en el asiento y cerró los ojos, feliz de estar pensando en aquel ser que lo había acompañado durante tantos años de juventud -. He dado con el paraíso de los solitarios. El lugar perfecto donde uno se puede sentir a gusto sin necesidad de estar preocupándose por cualquier cosa, como ser el tiempo o el que te dicen de lo que haces, sientes o piensas. No existen los relojes allí, las obligaciones o las dependencias. Siendo sinceros, todo es bastante blanco, limpio, seguro. No hay nada aparte de uno y su sombra -recordó levemente, mientras se apretaba con los brazos, para sentirse más cómodo-. Puedes pensar en lo que quieras, no hay forma de que alguien te contradiga. Creas tu propio mundo. Quizás por eso, al final, una pequeña habitación tan mullida terminó pareciéndome una isla perfecta. Pero, como bien debes saber, amigo mío… es que todo tiene un final. El tiempo, incluso siendo imperceptible, estaba pasando. Necesité salir de allí, necesité hablar con alguien (cosa que aún no he logrado). Entonces ellos consideraron que podría intentarlo sin que fuera necesariamente peligroso para nadie. Quizás lo veían todo y me juzgaron en silencio.

Se despertó sobresaltado por el ruido de un motor defectuoso al comenzar a avanzar en el semáforo. Con la suave idea de las palabras dichas al aire, corrió hasta su casa, firmemente decidido a escribir en papel todo aquello que deseaba expresar. Tristemente miró el papel y soltó la pluma, una vez en su habitación, cuando se dio cuenta de que se había olvidado completamente todo.

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Publicado por en 2011/02/12 en Escritos, Febrero

 

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