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[feb11] día dieciocho

18 Feb

Había dicho que no, que él no sabía sobre el asunto. Le había creído al instante, no dudó y dio por sentada su simple respuesta. Temblaba ante sus ojos, tratando de parecer fuerte para continuar con algunas preguntas inútiles que hipotéticamente servirían a saber algún detalle escapado en el apuro de la desgracia. Quizás era por su forma de ser tan reservada, seria, distante y cercano al mismo tiempo. Además, tal vez, era porque su rostro no presentó cambio alguno al momento de la confesión, su mirada no se desvío hacía ninguna parte, lo miró a los ojos y esperó a que él sacara la conclusión a su respuesta. Tampoco su pulso se aceleró, sus manos jamás se movieron y su respiración era tan plácida como cuando miraba las películas en el cine o leía sus libros en el despacho. Todo un ejemplo de inocencia.

– ¿No has estado con ella la noche del sábado, entonces?

Había mentido con toda la intención al decir que no. Dudó sobre su expresión, pero creyó conveniente mantenerla. Su papel debería ser más emotivo, era su novia, después de todo. Pero su comportamiento podría ser explicado tranquilamente como un dolor que no quería salir, parte de su papel de hombre centrado y apto para su posición. Sabía perfectamente porqué le estaba preguntando, también sabía qué implicaba con tan sólo una simple pregunta. Cualquier sospecha de mentira podría ser considerada una nueva traición, una guerra personal para conocer la raiz. Era su mejor amigo el que le preguntaba, con los ojos rojos del dolor de haber derramado litros de lágrimas impotentes y la voz tomada por el desgarro de su corazón inconfeso. Ese sujeto, inocente como se veía, era la sombra de los pasos delicados de la chica que ya no podría decir dónde estaba esperando a la eternidad. Todo lo que pudiera haber sucedido, y que no sabrían, era culpa de él. Sentía un odio descomunal hacia ese sujeto, incluso mayor al amor que sentía por ella. A tal extremo que, para hacerlo sufrir, no había dudado en sacrificar sus propias pertenencias, la más preciada incluso.

Él la había matado, ocultado del mundo para siempre, y se reía por dentro al ver el rostro desencajado del ingenuo que aún no entendía lo que había sucedido, que no tenía la más mínima sospecha de los motivos y que no presentía que era un regalo para él específicamente. El mayor regalo que seguramente había recibido en toda su vida. Se regocijó ante su quiebre inminente, le puso la mano en el hombro, juntando toda su hipocresía y falso dolor, tratando de camuflar su deleite, le dirigió sus últimas palabras:

– Ella volverá y todo estará bien.

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2 comentarios

Publicado por en 2011/02/18 en Escritos, Febrero

 

2 Respuestas a “[feb11] día dieciocho

  1. Psycoloca

    2011/02/18 at 1:28 PM

    Me he quedado helada… muy bueno!

     

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