RSS

[feb11] día veintiseis

26 Feb

Cada minuto de su existencia ya estaba destinado a un fin, tenía un objetivo, una meta honorable que justificaba cada una de sus no pocas acciones. Le gustaba pensar así de él y su existir: con un camino trazado y laureles dorados esperándolo al final. Ese mismo ánimo que todas las mañanas lo inundaba de emociones y esperanzas de que ese sería el último de trabajo, el primero de gloria. La fé y la confianza en sí mismo eran insuperables.

Vivía en un estudio rodeado de seres que no podían hablar moviendo aire a través de sus gargantas etéreas, simplemente pensamientos dibujados en su mente a través de un desconocido sistema de telepatía que él sabía no dominaba. Espectros de vidas pasadas e ingenios ya extintos que estaban de su parte en su interminable búsqueda, en forma de visiones, de piedras, de anotaciones antiquísimas. Susurros en el viento que se sobreponían a las épocas. No entraba casi luz en ese espacio amplio de espesas capas de polvo en los estantes más antiguos y desparramo de hojas garabateadas entre los libros gastados por las sucesivas lecturas y búsquedas. Las alfombras gastadas y las maderas oscurecidas daban crédito de sus largos días e interminables noches de labor. El tiempo se había detenido para él y todo aquello que tocaba. No había forma de saber cómo estaba el clima fuera, siquiera intentándolo, las diminutas ventanas estaban totalmente agarrotadas.

Todos los pasos que dio tenían peso, significado y orientación. Él estaba totalmente seguro de que encontraría la inmortalidad tarde o temprano. No había forma de que no fuera así, de que no fuera él quién hubiera trabajo más para conseguirla. Todo su sudor era por ella. La merecía. Por eso, cuando se sintió cansado de vivir, decidió escribir su epitafio (no conocía a nadie más que pudiera hacerlo) y guardarlo en un papel, que luego pegó en la puerta de su casa. Si bien la causa lo mantenía respirando, estaba perdiendo la convicción finalmente. Si había desoído alguna melodía de ayuda, debió ser una muy importante. Él tomaba en cuenta todas las señales y ya temía lo que ahora le esperaba. Desilusionado de él, del destino y de los espíritus que lo miraban perennemente vacíos… se acostó aquél ocaso en su diván decidido a ya no abrir los ojos.

Pocos años después, por casualidades o fortuna ajena, su cuerpo fue hallado por un viajero al que poco le preocupaba el mañana. Revisó todas sus pertenencias, buscando detalles de la vida pasada del pobre anciano fallecido. Este sujeto que vivía el segundo con todo su ser, le dio entierro decente, conmovido y maravillado. Cuando halló el escrito, supuso que era el deseo que aquél hombre sabio pero ermitaño. Fue así que, en medio de ese bosque, la lápida decía:

Porque buscándola, la perdí
(1728 – 2277)

Anuncios
 
2 comentarios

Publicado por en 2011/02/26 en Escritos, Febrero

 

2 Respuestas a “[feb11] día veintiseis

  1. Hiyoko

    2011/02/26 at 8:57 PM

    hermoso. se me enjugaron los ojos de lágrimas ;_; deberian darte el Nobel a la Literatura T_T.

     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: