RSS

en la sombra

16 Ago

Ordenando un poco a D10, me encontré con esto que escribí a principios del año pasado. Ya saben, se puede interpretar como más les plazca. Agradecería comentarios. Aquí se los dejo:

En la sombra

Toda su vida había oído las mismas advertencias, las mismas quejas, temores y restricciones. Seguramente desde antes de que tuviera memoria le decían cosas similares, como para que se le fueran grabando aún más rápido que el significado de las que serían sus primeras palabras. Una y otra vez, antes y después de su regreso a casa, cada día y cada noche era el mismo sermón. Como si a su edad no pudiera cuidarse por su cuenta, sin mayores problemas, de aquel mundo al que sus padres parecían temer con tan increíble magnitud. Sentía que, al ellos comportarse de esa forma ciegamente sobre protectora, obviaban completamente su criterio, dejaban de lado sus propias decisiones y capacidades como el individuo desarrollado que ya era. “No vayas por calles poco transitadas”, “Evita los callejones oscuros”, “Trata de caminar con compañía” ó “No llegues tarde”. Podía recitar tantos otros ejemplos más rebuscados como se les solicitaran, buscarles ritmo y unirlos para formar la poesía con la rima más perfecta; pero la sola mención le resultaba irritable al punto del enojo, de la violencia gestual y verbal.

Gruñía para sí, reprochándose los ecos de la voz de su madre mientras dejaba que sus pasos lo perdieran en la azarosa distribución de las veredas de piedra partida, las cuales cortaban el espacio verde de la plaza de la ciudad. La gente pasaba junto a él sin siquiera reparar en su presencia, apenas dejando el espacio suficiente para no chocarlo alevosamente. El día era así, estaba a la vista de todos, pero nadie realmente lo veía. Se sentía desnudo frente a una multitud de personas a las que no les importaba en lo más mínimo si existía o dejaba de existir delante de sus propios ojos. Aquello era cruel. Nada era realmente más peligroso y alarmante que la indiferencia. No lo era ir solo por lugares silenciosos u oscuros a la mitad de la madrugada; no lo era tanto como resultaba aquél parque a la mitad del día, con el sol brillando sobre sus cabezas y en donde todos y cada uno de los despiertos estaba durmiendo en su propio mundo completamente ajeno al más próximo de sus parientes.

No lo entendía, no lograba encontrar la raíz de aquél temor profesado por los adultos. Era por ello que le decían irresponsable, porque elegía salir por dónde le habían prohibido, explorar lugares en los cuales la sola visita estaba vedada. Prefería aquella oscura soledad sin mentiras, sin prejuicios fríos en cada par de ojos. Quizás, además, era por ello que no conseguía encontrar a algún otro sujeto con el que pudiera compartir sus mismos pensamientos y preocupaciones de lo impuesto, para no tener que andar solo por aquellos senderos a tan altas horas de la noche y seguir rompiendo regla tras regla. Tampoco sucedía que fuera un tema que le preocupara como para quitarle el sueño u obligarlo a cambiar sus costumbres, pero permanecía allí, rondando por su mente cuando ésta se desconectaba de su voluntad y entraba en el mundo del inconsciente.

Andrés era esa clase de sujeto, a quién las dudas lo atacaban y casi lo inducían a actuar en contra de lo esperado por el rol que le había tocado dentro de la familia. No dejaba lugar al conformismo o el sometimiento, él tenía que descubrir las verdades con sus propias manos, no podía simplemente aceptarlas como caídas del cielo. Durante los primeros años de aprendizaje, sus padres trataron de hacerlo encuadrar dentro de los parámetros de un hijo normal, sin mayores logros, incluso de infante resultaba imposible de convencer y apaciguar. Al momento en que llegó a la adolescencia, ellos ya habían desistido, le dejaban caminar por su cuenta siempre que no chocara con ellos en su atolondrado andar. No luchaban para traerlo de vuelta, simplemente le repetían las mismas y gastadas frases con la esperanza de que en algún momento recapacitara y por su propia voluntad asimilara ese sentido común pasado de generación en generación. Situación que no podría darse, puesto que Andrés se encontraba recorriendo los últimos pasos de su vida, durante la noche ya cerrada, en aquella plaza que sus padres le habían prohibido incontables veces.

En efecto había sido un día frío y lo más sensato hubiera sido volver a su casa antes del anochecer, para no tener que soportar la falta de calor con sólo su remera y los tenis gastados que llevaba puestos. Aún así se encontraba deambulando por un parque apenas conocido de un barrio alejado del centro y en el cual sólo un par de luminarias cumplían penosamente su función. Era otro de esos ataques en los que sentía la necesidad de apartarse, la discusión con su madre no lo había ayudado a mantener la compostura dentro de la casa por más de quince minutos. Por regla general, él permanecía tranquilo con su familia siempre y cuando no se le cuestionaran cerradamente lo que hacía. Y esa tarde no había sido el caso.

Había un banco donde la luz titubeaba y decidió que allí se sentaría. No se oía el murmullo de las hojas siquiera. Estaba únicamente él y la sombra intermitente que proyectaba su cuerpo en el suelo, rozando sus pies. Encorvó su espalda y con una mano se alborotó, todavía más, el cabello castaño cortado desprolijo. Suspiró desganado antes de elevar la mirada hacia el cielo. Allí no había nada. Las tan famosas estrellas que estudiaban en el colegio, que recibían nombres y formaban constelaciones míticas, no se podían apreciar desde su posición ni desde ningún otro sitio en donde los seres humanos, temerosos de las penumbras de la noche, hubieran construido ya sus artefactos para mantener la seguridad. Deseaba poder observarlas por sus medios, sin recurrir a las fotografías. Esa y muchas otras cosas no le eran posible, y cada vez que lo expresaba, una discusión y castigo era lo primero que recibía.

– ¿Seguro que quieres ver todo eso?

La voz cruzó sus oídos sin alerta previa. Se creía fuerte y consciente de lo que hacía, alegaba tener convicción para enfrentarse a lo que sea que él se expusiera; sin embargo, no así entendían sus reflejos, sus latidos se aceleraron y resonaron por todo su cuerpo. Un leve temblor lo obligó a enderezarse y clavar la mirada en aquél sujeto que había surgido de la nada, examinándolo con desconfianza y curiosidad. Nada lo hacía particularmente diferente a cualquier otra persona que pudiera caminar por la calle. Aunque ninguna otra persona haría semejante aparición a esas horas, cualquiera que se considerara normal estaría en su hogar, abrigándose del frío y permaneciendo en su cueva de luz junto con sus allegados.

¿Sería seguro responder? Divergía entre las posibilidades que consideraba tenía en su haber. Ponerse de pie ignorando lo sucedido y apretar el paso hasta llegar a su cuarto ó, si se lo pensaba menos, contestar con total naturalidad y sinceridad; lo segundo era mucho más acorde a sus principios y creencias.

– Sí. – dejó entrar una gran bocanada de aire y agregó. – No veo porqué no estaría seguro.

Aquel sujeto le sonrió. No podía descubrir alguna otra intención en su mirada. Si sentía temor, comenzaba a cuestionarse sobre sus fundamentos. Lo siguió atentamente mientras éste se sentaba a su lado.

– No es común ver a un joven caminando solo a estas horas. ¿Te has peleado con tus padres?

– Sí, se podría decir que siempre me estoy peleando con ellos.

– Eso no explica porqué estás aquí. Muchos chicos se pelean a diario con sus padres, y no por ello andan paseándose por lugares peligroso.

– Eres unos de ellos… – relajó los músculos de la espalda. Esas palabras sólo eran dichas por personas que eran como sus padres; adultos con temor a aquello incomprensible, sea lo que sea que fuera.

– Conclusiones apresuradas. – rió divertido. – Típico de la edad.

Las palabras casuales de ese sujeto golpearon el ego de Andrés. Carraspeó, dejando en claro que aquél comentario no era de su agrado. No podía negar que era simplemente un joven, pero subestimarlo era ya demasiado. Si lo que estaba tratando de decir el desconocido tenía que ver con el hecho de ser normal, sólo podía significar que no lo era. Y si no lo era… estaba hablando con alguien que pertenecía a lo que sus padres le temían. Con un rastro de temor, pero completamente cegado por la emoción, se volvió hacia él y lo tomo de la solapa de la chaqueta.

– ¡Dime! ¿Por qué es que debemos permanecer siempre en la claridad de nuestro hogar? ¿Por qué es que nos obligan a seguir el camino de nuestros padres? ¿Por qué es que no puedo salir a buscar lo que deseo? ¡Dime!

Una nueva expresión se escondía en el rostro marcado por los años, quizás más de los que aparentaba, de su interlocutor. Una sonrisa divertida, pícara, amenazante, como si la situación le resultara por demás amena y controlable. Una mano fría se cerró en la muñeca derecha de Andrés, ejerciendo tanta presión que se vio obligado a soltarse. Apretó los dientes y se frotó la zona colorada de la piel. Sentía frío, pero temblaba de nervios.

– ¿Sabes una cosa? – comenzó a decirle. Se aproximó a él temerariamente. – ¿Sabes por qué es que nadie se atreve a salir y aclarar la vista para los demás? Quieres que te diga, ¿no es así?

– Sí. – respondió con un hilo de voz apenas saliéndole de la garganta. Una nube de vaho se elevó delante de sus ojos hasta desaparecer en la humedad del ambiente. Sólo oía el sonido de su respiración acelerada y el eco de su corazón palpitando descontroladamente.

– Porque los que salen, no vuelven.

Andrés intentó ponerse de pie en un sobresalto. No pudo, las manos sobre sus hombros se lo impidieron con tanta facilidad que se sintió más atemorizado de lo que alguna vez hubiera querido admitir. Sus rodillas flaquearon y ya no pudo volver a intentarlo, las fuerzas parecían estar disipándose en el aire. El peso de ese sujeto sobre su espalda lo obligó a rebatirse sobre el respaldo del frío banco de hormigón, sobre el cual había elegido sentarse sólo un par de minutos antes. La luz continuaba parpadeando.

– No… vuelven… – repitió sin comprender del todo por qué era que de repente se sentía tan indefenso bajo la mirada de este personaje misterioso. Buscó alrededor, no le sorprendió que no hubiera ni una sola persona a la vista. Sólo estaban ellos dos en medio de la oscuridad que él mismo anhelaba. Fue cuando notó que las manos ya no estaban en sus hombros, sino rodeando su cuello. Los pliegues del saco azul marino que llevaba cubrían parte de su remera violeta a rayas. Con pánico descubrió que ya no estaba respirando, a sus pulmones no llegaba aire y pronto la presión le hizo arder el pecho. Sus pies se movían por su cuenta y sus manos trataban de alejar el peligro que lo aplastaba por completo.

– No, y tú no volverás tampoco. – susurró sobre su oído. – Este lugar nos pertenece. No queremos que intenten llegar, quedarse y traer a más de los suyos. No deseamos que les adviertan, ellos ya saben.

Andrés apretó los ojos, desorientado. Sus padres tenían razón. Aquél lugar era peligroso, era un error de su parte haber deseado descubrirlo por su cuenta, sin ayuda. Tendría que haber seguido las reglas, haber confiado en ellos que habían llegado a tener la edad suficiente como para infundir respeto en los demás. Debía…

– No… no… ¡No! – el dolor punzante y ácido que le corroía la arterias no lo detuvo ante un último intento de liberarse. De alguna forma, no se arrepentía de sus decisiones. No se había equivocado. Ese lugar al que sus padres se referían, lo tenía delante de sus narices. Y ahora quería ser parte de él. – Yo quiero… permanecer aquí.

Sintió el pulso de las manos dudar sobre su cuello. No lo soltó, pero tampoco parecía querer llevar hasta el fin lo que había comenzado. Abrió los ojos como pudo, confundido por la situación y por la falta de oxigeno. La sonrisa seguía ahí, creciendo y creciendo hasta dejar un par de colmillos relucientes al aire.

– Pero primero, debes morir para quedarte.

Pilloff, Yesica Micaela [20 de Mayo de 2010]

Anuncios
 
2 comentarios

Publicado por en 2011/08/16 en Escritos

 

2 Respuestas a “en la sombra

  1. Hiyoko

    2011/08/17 at 12:26 AM

    Casi no tengo palabras para describirte esta entrada. La verdad me ha gustado muchísimo, me encanta la narración, los personajes, las escenas!, la narracion es excelente. Delicada, profunda y muy descriptiva en los aspectos explícitos e implícitos que rodean al personaje!.
    Disfruté muchisimo leer un escrito como este!.

     
  2. パオラ 海 - 空

    2011/08/19 at 1:01 AM

    Muy bueno!! :3
    Disculpa que lo leí tarde.
    Pero me ha gustado mucho.
    Seguí así, que esta genial!! 🙂

     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: