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[feb12] día once

11 Feb

El esclavo tropezó, puro accidente, tirando la vajilla completa del té al suelo.

La princesa, enojada, vio que sus otros sirvientes casi corrieron para atender el desastre. Sólo atinó a decir:

– Déjenme encargarme de esto como una princesa.

Salió de la habitación caminando lento y firme, apretando cada paso.

La reina la escuchó con atención, sin expresar una sola emoción en su rostro.

El consejero se mordió los labios, inquieto y nervioso. Se arriesgó al abrir la boca:

– De estos asuntos se encargan los sirvientes, la dama de compañía si es necesario, mi reina.

La reina, perfecta conocedora de la regla, y las reglas, lo omitió para dirigirse a su única hija.

– Muy bien hecho, pequeña, por pedirme consejo incluso cuando el camino parece sencillo.

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Publicado por en 2012/02/11 en Escritos, Febrero

 

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