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[feb12] día quince

15 Feb

Siempre hacía lo que le decían. Encontraba en la satisfacción ajena un refugio cálido, si bien algo solitario. Cada vez que lograba lo dicho con éxito, recibía una gran sonrisa y, si tenía suerte, algunos elogios con expectativas a un mejor futuro. Había muchas iguales a ella, todas renegadas, argumentaban y peleaban hasta lo último con tal de justificar lo que hacían y que obviamente no era lo que les habían señalado. Les encantaba ir en contra, decir que habían encontrado un nuevo -y mejor- camino. No las entendía del todo, si bien la libertad propia le decía, no pocas veces, que las cosas no estaban bien, sabía -más por lógica y apreciación- que seguir las reglas era lo más sensato para lograr la verdadera libertad de acción y no sólo la aparente de pensamiento. Gritar a todos los vientos que era un ser diferente no les daba buenos resultados, era notorio, pero reincidían.

Pronto en el camino se encontró sola, adelante y muy avanzada, sin embargo también estaba llanamente sola. Detrás había un sendero en ascenso muy angosto y lastimero. Sí, cada uno de sus silencios tenía la convicción que a todos esos cuerpos -ahora inertes- les faltaba. En la batalla de los grandes, primero se tiene que aprender la manera de ellos. Nada sencillo y sin trabajo puede terminar bien.

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Publicado por en 2012/02/15 en Escritos, Febrero

 

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