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pintura

12 Abr

Esa tarde, cuando su sillón parecía más tentador que pintar en su atelier, decidió que podía descansar por algunos minutos y luego, con el té de las seis, seguir con su trabajo. A muchos les gustaba decir que su vida era fácil, que sólo bastaba con tirar despreocupadamente un par de colores en el blanco y arrugado lienzo para asegurarse la renta por todo un año, sin contar que bien podía hacer más de cinco en un sólo día. Te envidiamos, le decían con una mueca socarrona, fingido sobreactuado y mucho desdén oculto en sus manos suaves y cuidadas. Con el tiempo había aprendido a sonreír como mera respuesta, pero cada sugerencia era una estocada directa a su corazón, a su ahora bien pequeño orgullo. No tenían forma de saber que, en su sentir de artista negado, estaba lejos, muy lejos de lograr pintar algo que él pudiera considerar digno de decir ‘Obra’. Entre las personas su nombre era reconocido, muchos personajes del movimiento lo citaban y utilizaban para tratar de demostrar que su nivel era el que deseaban o el que alababan, casi como un prócer de las galerías francesas y alemanas. Él seguía hundido en su impotencia. No podía comprender qué veían en esos mutantes, en esas quimeras tan desprovistas de belleza, que salían de sus manos y desaparecían instantáneamente en el mercado.

Suspiró desde lo más profundo de su ser, totalmente rendido en el mullido cojín beige de la sala. La luz del sol entraba de lleno por el ventanal de su primer piso, el reflejo en el suelo de madera frente a sus pies le resultaba pintoresco. La calidez de los días otoñales. Otro suspiro, esta vez algo más corto, sabía que podía pintar esa misma escena, aunque todavía le estaría faltando ‘algo’. La vida, la noción misma de la pureza, de la belleza. Era tan mundano él que jamás podría imitar a la madre naturaleza en la más grande de sus creaciones. Aquella sustancia que no podía retratar, que no le era ni siquiera posible intentar decir que había allí un indicio. Ver una chispa en su obra, jamás lo había logrado. En cada una de sus pinturas veía un cuadro vacío, que no respiraba, que no arrancaba pasiones. Una simple imagen, valuable cosa sin sentido, como un espejo que no funcionaba.

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3 comentarios

Publicado por en 2012/04/12 en Escritos, pintura

 

3 Respuestas a “pintura

  1. Hiyoko

    2012/04/12 at 8:55 AM

    Te quedó hermoso el relato 🙂
    el arte siempre tiene esa cosita…que no se que es, que a uno le termina llenando el alma.

     
    • YouKai Shinigami

      2012/04/12 at 8:58 AM

      Gracias! Es un intento desesperado de un artista por explicarse (?). La segunda parte (spoiler?), se acerca 😉

      Y sí, el arte tiene ese ‘algo’ que nos hace pensar, sentir, desear… en general (porque hay mucho arte de muchas formas).

      🙂

       
  2. パオラ 海 - 空

    2012/04/12 at 11:54 PM

    Oh, hay tanta verdad de lo que puede sentir un artista, me gusto mucho y también me siento un poco identificada. xD
    No dejes de escribir! :3

     

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