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pintura II

13 Abr

Sus labios dibujaron un contorno de calor rojizo en la taza de té de porcelana blanca y verde, doradas en los bordes y algunos ligeros detalles. Sus dedos largos, fríos y rosados sostenían el plato con un temblor permanente, jamás lo había dejado sólo, no desde que sus palabras le pesaban tanto. Hubo un tiempo en su niñez en que, lo sentía y por eso lo sabía, dejó de ser parecido a los otros niños. Sus ojos veían más allá, sus palabras contenían horrores, muchas veces incomprendidas, por lo que sus, antes compañeros, ahora lo veían como a alguien diferente, de otro grupo; más como un hermano mayor al que no querían contarle sus secretos. Fue así como comenzó a construirse en base a sí mismo, con poco que compartir, poco que pudiera adherir de esos a quienes se cruzaba. El último sorbo le pareció un poco amargo y frío, aún así, el té se toma completo, decía siempre. Dejó ambas partes en la mesita ratona de la sala y caminó estirándose hasta llegar a su escritorio en la otra esquina, la más oscura y la más brillante.

Una vez sentado, mirando al papel a medio escribir que tenía enfrente, se encontró encerrado en un callejón sin salida. Estaba parado en la oscuridad parpadeante de la lluvia, con el sobre de papel medio humedecido y la verdad última dentro de él, esperando que llegara el fin con la punta del arma en medio de la sien. Sus heridas apenas sangraban, a medio coagular. Su hipotético asesino no dejaba ver el rostro. Así debía ser el clímax, donde todo debía ser puesto sobre la mesa y apostado a las agujas del azar. Era muy importante y por eso se sentía encerrado. Mover los dedos era exactamente lo mismo a asesinar o salvar, cada letra que escribiera sería juez y ejecutor de esa vida en desarrollo, de esas personas que tenían tan patente sus pasiones y tan exaltadas sus debilidades.

Aferrándose al valor de quién lucha constantemente contra la corriente, apretó furiosamente cada tecla de su máquina y comenzó a llenar hojas y hojas de tinta negra. A pintar aquél final que robaría suspiros, llantos y sonrisas. También esperaba robar un espacio de la memoria, de la vida de quién pudiera llegar a descubrirlo. El éxtasis lo dejo exhausto, al punto de sentir su corazón palpitar con fuerza y temblar ligeramente sus rodillas. Dejó caer las manos a sus costados, mirando el techo con los ojos perdidos. Había llegado al vacío nuevamente. Al momento en que su realidad era la única, incambiable… solitaria como sus propias creaciones.

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2 comentarios

Publicado por en 2012/04/13 en Escritos, pintura

 

2 Respuestas a “pintura II

  1. Bach

    2012/04/13 at 4:13 PM

    “Aún así, el té se toma completo” ~<3<3<3
    Esta parte me gustó mucho más que la primera <:3 Y en efecto, los dos últimos párrafos fueron cachetadas xDDD Así se siente Bachi cuando se queda en blanco! (comoahoracofcof)

     
  2. Hiyoko

    2012/05/04 at 10:06 AM

    hermoso ~

     

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