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pintura III

14 Abr

Estaba en el patio de su casa, sentado bajo el cielo del amanecer, entre las ramas de manzanos y las hojas violetas de las hortensias, ya a punto de sucumbir por el otoño. Aquél jardín sencillo y colorido que cuidaba con mérito, lo hacía sentir seguro cuando el exterior lo perturbaba por dentro. La noche anterior se había quedado hasta tarde terminando su último trabajo del mes, uno que no quería volver a ver siempre que fuera posible, por lo tanto fue despachado inmediatamente. Sólo recordarlo le robó un gruñido perdido en la brisa que precede la tormenta. Se arrulló un poco más en el banco, tenía tiempo libre, sinónimo de no poder dormir. Cuando no tenía un pedido, una consigna que seguir, sus ideas lo atropellaban, lo tiraban de una esquina a la otra, tambaleándolo entre espirales inconclusas que se cruzaban. Su objetivo último en la vida era precisamente ese, conseguir que sus pinturas tengan vida también, que lo sobrevivan. Una pintura con vida sería eterna y él podría vivir por siempre en ella. Más, no sabía cómo, ni si alguna vez lo lograría. Tenía tantas preguntas que no podía dejar de contestarlas una tras otras. Así había pasado el resto de la noche y visto el amanecer.

Un gorrión saltó de una rama a la otra, creyó verlo en cámara lenta. También había pintado animales, no siempre se había dedicado a la naturaleza muerta, al surrealismo, al paisaje. Hacer personas con óleos, acrílicos, pasteles, no le agradaba. Tenía esa extraña sensación de que los ojos lo seguían a cada lugar al que fuera, una mirada que inconcientemente asociaba a la persona que había retratado. Total incomodidad al encontrarla y creer que lo habían visto todo el tiempo a través de su pintura. En algunas ocasiones hasta creía haberle robado parte de sí a los modelos, otras haber pintado un sujeto totalmente diferente quien se veía exactamente igual. Definitivamente, pintar humanos no era algo a lo que tuviera deseos de volver, no era la vida que buscaba en sus casi obras. La vida no se contagia por el sólo hecho de plasmar una vida. Quizás tendría que haber un sacrificio para que pasara de un lugar al otro.

Se rió por unos minutos, totalmente anonado de su propia sugerencia, liberando a cada batida de mandíbula, los hombros con total euforia. Comparado con un pueblo originario, él sería un chamán en pleno acto. Las nubes del lejano techo celeste se removieron inquietas. Su risa frenética se detuvo y una extraña determinación estaba fulgente en sus ojos. Quizás sí necesito pagar un precio para poder lograr la vida, pensó a media voz. Se puso de pie, sabía perfectamente dónde tenía que ir para encontrar lo que buscaba.

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1 comentario

Publicado por en 2012/04/14 en Escritos, pintura

 

Una respuesta a “pintura III

  1. Hiyoko

    2012/05/04 at 11:23 AM

    Su risa frenética se detuvo y una extraña determinación estaba fulgente en sus ojos. *fangirlea -amo las risas frenéticas~

     

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