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pintura V

17 Abr

El suspenso, oh sí, el tan preciado y sobrevalorado suspenso. Cada uno de los pasos de rutina se hace con el único fin de lograr generarlo lo mejor posible, sin agotar la botella pero tampoco sirviéndola en un solo y deslucido vaso de plástico. El arte consiste en mantener en vilo las expectativas vacías de aquellos desconocidos felices quienes pretenden estar vívidamente interesados en lo que sucederá, fingiendo que aún no lo saben, que será algo totalmente inesperado, innovador, deslumbrante, que los dejará sin aire y los paseará por bosques intransitados. Ah, claro, la inocencia fingida… sin embargo, cada uno de ellos lo sabe mejor que nadie, igual a todos. El final es uno solo, único e invariable, así de finito y sencillo se podría describir la última estación del viaje. Lo que se hace con esta pícara herramienta, el arma de doble filo que se dibuja en suspenso, es sólo cortar; una tijera encubierta que nos gusta mostrar con múltiples máscaras y disfrace, tinta u óleo. Cuando está bien empleada, el corte realizado es fantástico, puro. Todos aplauden y se maravillan con la ‘obra’. Se desatan de todo compromiso y aquello que fue, ya no lo es más, probablemente tampoco lo será nuevamente. Cumplió con la única misión que les importaba: entretenerlos, hacerlos suspirar, quitarlos del único tren en el que pueden estar. ¿Qué más importaba si el hilo era aún más largo? Nada…

Sí, maravilloso escapismo. Las tijeras afiladas detienen la marcha sobre las vías con nuestro trabajo, sudor y sangre de vida, lo dejan flotando para lograr confundir el final con aquello que sólo fue una cima de las incontables montañas las cuales puede haber, y habrá, en cada sendero. Evitan que el desenlace predestinado sea puesto en escena, poco se ve de ese telón. Por eso siempre nos encontramos con la misma sensación de frustración, porque lo sabemos, lo vislumbramos en la más simples pesadillas lúcidas. Conocemos la parada amarga mejor que otros y ponerla a la vista nos duele casi tanto como el intento perpetuo de evitarla. La muerte engulle las obras y no las deja ver la luz una mañana más de la que fuera la de su día de nacimiento. El olvido y el suspenso, el destino severo y desastroso de nuestros esfuerzos creativos. Ya no queda energía para intentar otra pincelada que me lleve directo al olvido, no dentro de la razón, dentro de la técnica. Y volvemos con el enemigo, recurrimos a él para poder llamar la atención un poco más, quizás correr el foco, la luz de algún alma, de un par de ojos que pueda leer más allá de lo que la superficie deja ver. Así es como corro buscando un suspenso, aunque uno distinto, mismo conocido.

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1 comentario

Publicado por en 2012/04/17 en Escritos, pintura

 

Una respuesta a “pintura V

  1. Bach

    2012/04/25 at 2:23 PM

    “Ah, claro, la inocencia fingida… ”
    Lo imaginé taaaanto ahí, diciendo/pensando eso~<3

     

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