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Archivo de la categoría: Escritos

anda pasando

Últimamente me anda pasando algo curiosamente creativo, lo cual ejemplificaré para que la idea sea lo más clara y abstracta posible.

«Ah… no sé qué poner, me falta inspiración ─releer ya no tiene sentido, sólo resta mirar el cursor latir con resignación indefinidamente─. No creo que llegue a las quinientas palabras hoy. Escribiré una línea para que algo pase ─y terminar entonado como tomando aguamiel en jarrón sin fondo, y llegar con más de mil quinientas al final del día».

Sí, es algo bueno porque la historia avanza, crece al menos. Todavía no llego al tercio de lo que considero una longitud respetable para decir lo que hipotéticamente quiero decir, pero va cerca (65 páginas de 300, hell yeah). Es más o menos lo mismo que ocupó la primera, allá hace diez años.

Quizás sí, pero no. La sensación de perderse en una línea recta es la que siempre me ataca. No es bueno, porque tenía la vaga esperanza de hacerlo como se debe esta vez, no repetir lo que siempre me lleva a abandonar los proyectos en cuanto me agarra un dique o una roca /the bad pun. Quería planificar bien los capítulos, definir los personajes antes de hacerlos actuar, escribir en borrador el hilo conductor y los sucesos que me interesan para no perder el foco. Tener el foco.

Pero no, sueña niña, me salen las secuencias una tras otra sin ninguna planificación, los tipejos hablan al tiempo que va sucediendo, no puedo controlarlos. Es dejar la conciencia fluir y ver cómo terminará la cosa. No se me van de las manos porque todavía no llegó tan lejos.

«Ah… y todavía me quedará retocar todo.»

A book of nonsense

P.D.: en estos últimos días he tenido más de cinco déjà vuse acerca el fin del mundo.

 
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Publicado por en 2016/02/26 en 'bout me!, Escritos

 

[ecdln] Conversación

En general no publico aquello que había sido escrito con fines un poco más literarios. Esto es viejo y como tal, decidí no modificar ni arreglar los errores de toda índole que pudiera tener. Está en mis planes rehacer esta historia completa, como debe ser, con un principio y un fin. Adoro a esos personajes maltrechos y personales. Lo comparto porque, la única forma de que algo quede, es que les quede a los demás.

(Entre 2.5 y 3)

Los recientes eventos habían acabado con la tranquilidad ignorante de aquel pueblo, ya había rumores por doquier. Seguramente rumores que habían sido antes sellados, a fuerza y tiempo, por los Medios de Paz.

Soot aún sentía molestia, incluso a la luz del día. Sus ojos le pulsaban terriblemente en la oscuridad y aún continuaban si es que el sol brillaba con intensidad, como lo hacía en ese preciso momento. El verano había sido extrañamente luminoso, consecuencia de las alteraciones que había estado llevando a cabo Scythe para hacer que sus árboles durasen verdes por mucho más tiempo y poder mantener la demanda de energía de sus marionetas. Sin embargo, no había sido cálido.

— Una cosa por otra. – pensó Soot. Inconcientemente recordó al Amo de las Aguas, cuya existencia lo intrigaba y fascinaba de igual poderosa manera. No terminaba de concebir su divinidad, no le parecía un Dios, pero ciertamente tampoco podía ser humano.

El corazón le palpitó fuertemente una única vez, chocando dolorosa y eléctricamente contra su pecho. ¿Qué era lo que le quitaba humanidad al Amo? ¿Sus poderes? ¿Su existencia sobrenatural? ¿Los tratados?

Si ese era el caso, él también comenzaba a sentirse menos humano. No un Dios, por supuesto… pero menos humano.

— Me encanta cuando una persona duda de sí misma de esa forma.

Tan distraído estaba que no había percatado el cambio en la atmósfera que lo rodeaba. Aquello sólo podía ser obra del Vidente del Viento, esa existencia tan símil y opuesta a la del Amo. Tan libre y descontrolada como sólo podía ser el viento. Única e impredecible.

— ¿Qué te trae por acá? ¿Perdiste alguna discusión?

— No, encontré algo divertido que hacer.

— ¿Estás asustando niños?

— He movido un par de objetos, pero no han causado gran efecto.

— ¿Por qué no explotas algo en otra parte?

— Aquí me parece un buen lugar…

— No hay nadie que pueda verlo.

— No estoy buscando que alguien nos vea.

— ¿Nos? – Soot levantó la vista por primera vez desde que escuchó su voz. Apretó los párpados cuando el brillo del suelo pegó directamente en sus ojos, causándole una punzada de dolor al instante.

— Sí, escuché parte de tus pensamientos y no pude resistirme.

Una pequeña sombra bloqueó aquella luz que le molestaba y pudo, por fin, ver la figura del Vidente delante de él. Aparentemente le cubría del reflejo inocentemente dañino, lo que parecía un gesto amable que Soot no creyó propio de su personalidad. Si bien, tiempo atrás, hubo él visto al Vidente como un mero ayudante de Scythe, poco le costó darse cuenta, finalmente, que él no era más que otra entidad que hacía uso de sus capacidades y su tiempo para entretenerse… quizás hasta para ayudar a algún humano que se lo pidiese, dispuesto a pagar por un precio, o no. El Vidente no daba presupuesto, él se cobraba en silencio. Era diferente del Amo y sus tratados, pero no tanto.

— ¿Puedes escucharlos…? – una sospecha tenía sobre esa habilidad del Amo desde la primera conversación que había mantenido con él, dentro de sus dominios, hacía más de dos años. Pero ahora el Vidente lo afirmaba sin más. ¿Era acaso una habilidad común? ¿Un determinante o característica de esas existencias?

— Sí, incluso puedo decirte que piensas demasiado en ese Amo tuyo.

— ¿Cómo es…?

— Simplemente los años te enseñan a leer los gestos, los sonidos de cada uno de tus músculos y órganos. Puedes ver la naturaleza de una forma tal que todo se vuelve más…

— ¿Completo?

El Vidente asintió levemente, algo sorprendido por el acierto de Soot. Planeaba molestarlo para deleitarse con aquellas reacciones y acciones tan únicas y típicas de los humanos… pero, en ese mismo instante, Soot le transmitió una imagen totalmente diferente. No había forma que lo sorprendiera más que aquella que ahora era tan evidente. Se concentró en ese círculo, óvalo, forma, en esa aura brillante y de colores que rodeaba a Soot. Se movía con lentitud, pero allí estaba, simulando una cubierta densa de polvo que reflejaba la luz de donde sea que pudiera obtenerla. Era increíble, incluso para el Vidente, aquella visión maravillosa y totalmente improbable, inusual, de ver o encontrar en un humano tan joven.

— ¿Qué sucede? ¿Te has aburrido de divertirte?

Los ojos de Soot estaban nuevamente pintados en su integridad de negro oscuro y profundo, tan profundo que parecían continuar más allá y más lejos de lo que cualquier mirada percatara al chocarse con ellos. Lo atravesaban completamente, el Vidente sintió que podría perder su forma si Soot continuaba mirándolo con esa intensidad.

— Ya, simplemente no me apetece divertirme ahora…

— Supongo que… divertirse también es aburrido. – Soot bajó la mirada y jugó con unas hojas caídas. Había aire de tranquilidad envolviéndolos tímidamente. Soot no se sintió molesto ni incómodo por la presencia del Vidente. Por el contrario, la encontraba agradable. Extrañamente agradable. No supo diferenciar si era por la conversación, la tranquilidad de que ambos sabían algo del otro o, quizás, simplemente la presencia mutua era confortante.

— ¿Hace cuánto tiempo es que te puedes convertir en viento? – no más preguntó. Cierto era que sabía de ambas existencias, el Amo y él. Sabía, también, algo de sus capacidades relacionadas extrañamente al elemento con que se los llamaba… pero no sabía mucho más. ¿Desde qué tiempos existían? ¿Con qué fin? ¿Sólo existían? ¿Alguien los hizo así? Cantidad infinita de preguntas podrían haber escapado de sus labios. Pero no lo hicieron. Probablemente, tampoco lo harían.

El Vidente se sentó a su lado, flotó levemente hasta llegar al lugar que le serviría de asiento. Sus cabellos, continuamente en movimiento, parecieron dudar un momento. Su mirada más dorada que el amanecer se centró lejos, entre los árboles que comenzaban a perder su follaje.

— No puedo recordarlo ya… cuando vives de esta forma, el tiempo comienza a carecer de sentido.

Soot tomó otra hoja y la inspeccionó con la yema de sus dedos, pasando por cada nervadura y cada borde reseco. Sólo sintiendo ese suave tacto, tratando de memorizarlo, disfrutándolo.

— ¿Es por eso que buscas sentido en todo eso que dices que te gusta? – recordó con total precisión, incluso creyó oír la misma voz repitiéndoselo a eco, el listado que le había hecho, al final de la primavera anterior, de esas palabras que describían tantas emociones y situaciones que resultaban en calamidades para la mayor parte de las personas.

— Es una distracción. – ondeó un poco su cabeza, haciendo que sus cabellos se apartaran, aún más, del contorno de su rostro, dejando ver, por primera vez, sus orejas. Soot lo observó con curiosidad. – ¿Ves eso?

— ¿Siempre fueron así?

— Claro que no. Pero después de un tiempo llegas a creer que así es. – el Vidente suspiró con cierta ira retenida, más cercana a la frustración, pensó Soot.

— ¿Por qué son así ahora, entonces? – Soot arqueó una ceja y se preguntó si era un indicio de que seguiría cambiando hasta transformarse en otra criatura.

— No es suficiente castigo vivir por siempre, cuidar por siempre… también tenían que evidenciarnos diferentes a los humanos.

— ¡¿Castigo?! ¿Quiénes?

— Ellos, Los Poderes.

Los Poderes, Soot no recordaba haber oído título semejante. Pero en algún momento había llegado a pensar que tenía que haber “alguien más”.

— ¿No vas a preguntar por qué?

— ¿Contestarás? – Soot conocía sobre eso, recordaba vagamente lo que se sentía tratar de responder con algún hecho doloroso a alguien que simplemente preguntaba demasiado. Si bien dolía menos si sentía que la persona que recibiría sus palabras estaba totalmente dispuesta a escucharlo… y más que simplemente escucharlo: sentirlo.

— Me sorprendes, crío. – el Vidente elevó una de sus manos con largas uñas y desordenó su cabello. La cabeza de Soot se sacudió, parecía que esa figura difusa poseía más fuerza de la que parecía.

Soot sonrió. No se preocupó en acomodarse el cabello.

— Tengo que irme, el sol está comenzando a descender.

— ¿Vendrá Solace? – preguntó elevándose, haciendo desaparecer sus piernas en un remolino invisible. – No creo que le guste verme.

— Quizás venga en camino. – se puso de pie y se alejó un par de pasos con algo de lasitud. – ¿Hablamos otro día?

— Sólo llámame, podemos ser convocados.

Soot giró hacia él y lo observó con cierta incredulidad. Ser llamado… esperar a serlo. Esperar. Un leve estremecimiento lo recorrió. Lo miró un momento más, sin tener la certeza de agregar algo.

— Sí, sí… a él también puedes llamarlo.

Afirmó con la cabeza y, por primera vez, notó que el Vidente no había sonreído una sola vez desde que lo vio un rato atrás. ¿Era aquella su verdadera forma de ser? ¿Qué cambio había tenido cuando observaba para Scythe?

— Ninguno. – los labios del Vidente volvieron a curvarse exageradamente, acentuando su mirada temeraria. El conjunto de la expresión era siniestro. Dirigiendo sus ojos color maíz hacia el horizonte, desapareció.

— ¿Todavía por aquí, Soot? – la voz de Solace llegó como si estuviera a kilómetros de distancia. La visión última del Vidente lo había congelado por completo en el tiempo.

— Sí… ¿volvemos? – Soot sacudió su cabello con cierto cuidado y retomó, con Solace, el camino de regreso.

Pilloff Yesica [Enero 2008]

 
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Publicado por en 2015/12/22 en Escritos

 

introducción

Craig dejó de ser compasivo con las personas, todas ellas sin excepción, hace mucho tiempo. Su postura quedó bien definida en una carta que él mismo escribió, firmó y decidió poner justo entre las primeras hojas de su diario, como advertencia a todo aquél que se atreviera a seguir con el curso de las páginas oxidadas, escritas ligeramente pero con trazo fuerte. Su manifiesto, su razón de ser, la explicación de su existencia.

Como cabe imaginar, él no siempre fue justo como se lo ve ahora, de esa forma en la que sale retratado cuando su nombre vibra en el aire entre personas que alguna vez lo conocieron, y ya no pudieron olvidar. Su nombre podría ser el mismo con el que lo llamaban de bebé, de niño, pero definitivamente ya no es más a lo que hace mención. También deja eso muy claro en su escritura: “pido disculpas al yo que era, que no será nunca más“.

 
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Publicado por en 2012/09/03 en Escritos, pensamientos

 

magia

Hubo una época en la que las palabras sobre magia eran aceptadas. Eran éstas las más sabias y las que gobernaban de la mano del Rey, como guías de experiencia y pensamiento extensivo. Tiempos en los cuáles quienes más sabían sobre la naturaleza, la vida y las personas, eran los antiguos Magos. Ellos eran los encargados principales de aconsejar al Rey en sus tareas más importantes. Incluso su misticismo, su misterio estrellado, a él le era desconocido. Discutir sus pronunciados y enunciados estaba permitido, si bien el séquito optaba por el silencio respetuoso cuando alguna duda quedaba suspendida en el aire; el tiempo, decían, corroboraría lo hecho o lo desmentiría despiadadamente.

Donde primó aquella libertad de acatamiento silencioso, nuevos grupos de discurso y acto surgieron. Primero tildados de brujos, luego más respetados por los hechos. El rumbo del pensamiento debajo de las faldas del Rey perdió su cauce mágico y pronto aquellos que hubieron dado cobija a tantos niños, fueron perseguidos por no utilizar las nuevas herramientas, las cuales habían sido ampliamente aceptadas por su practicidad en los trabajos rutinarios de cada persona en los diferentes reinados. Una suerte de libertinaje controlado por nadie en especial pero que sólo pretendía despertar de la naturaleza y alzarse sobre ella.

Los magos de aquellos años sólo entraban en contacto con sus aprendices, muy raramente con otros semejantes ya conformados, puesto que tenían la firme creencia de que sus dominios estaban delimitados por los árboles y las estrellas, por la soledad y aislamiento de las ideas frías. Precisamente por este hecho es que pudieron erradicarlos de casi todos los ámbitos en los que habían trabajado tan apasionadamente, desde el consejo en la enfermedad, hasta en las ayudas del clima. Nada más se volvió a pedir de ellos salvo por quienes aún les conservaban alguna fidelidad. De tan alto rango a cuento de locos. Ese tiempo pasó y ahora ya nadie hace más que tomarlos como mera fantasía, cuento de niños o de un paso anterior a los padres de la ciencia. El mundo moderno no los tolera por su falta de hecho y método. Magia, repiten cuando algo obvio resulta según la receta, lo repiten ridiculizando.

Volvió a mirar su árbol genealógico, ese añejado papel que apenas podía leerse. Rústicamente elaborado en la cubierta interior del diario de cuero de su bisabuelo el giro. Casi encontrado por casualidad en los baúles de telarañas del altillo, trenes de viajes a los más lejanos recuerdos de su familia. Trataba de iluminar esas palabras antiguas escritas con tinta azulada y tan profunda como el mar. No entendía si las letras no eran precisas o si el idioma era otro. Escuchaba un eco que no podía traducir, un susurro interior, del más allá llegado por sus dedos. Sabía perfectamente lo que le había sucedido a el giro, de lo que lo habían acusado y encerrado con muchos otros sueltos de la historia del valle.

Aún así, sólo poseía una verdad descubierta, ella todavía existía.

 
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Publicado por en 2012/07/04 en Escritos, magia

 

Esperanza

Se levantó en la mañana, medio sonriendo, medio entusiasmado.
Lo sabía, sentía que ése era el día que tanto había esperado.
“Sólo un segundo más, sólo un segundo más”, se repetía.
Se vió radiante en el espejo y un escalofrío de felicidad lo recorrió.
Se encontraba justo cómo debía para el día que acontecía.

Llegó la noche y decidió que lo mejor era volver a la tierra.
Acostarse temprano a dormir, con la ventana abierta.
“Por si se le hizo larga la vuelta”, repetía.
Los buenos se acuestan temprano, y él obedecía.

Apretó sus manos al pecho, el frío las entumecía.
Las sábanas heladas y la luna sonrojada.
Esperó, incluso cuando el sueño lo arrastraba.
Y su Milagro… no llegó tampoco al siguiente día.

Limpiaba su cuarto, ojos rojos del cansancio.
Los días lo maltrataban, paso a paso.
Entre pelusas lo vio, una papel amarillo.
Un pequeño cartel, rancio y descuidado:
“Salí con Gloria, te dejo a Esperanza“.

 
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Publicado por en 2012/06/20 en Escritos

 

alas

Pedís una pluma azul,
cuando ya tenés un arcoiris.

Querés la jaula cerrada,
cuando habitás un paraiso.

Sonreís con mi canto,
cuando aún más te producen
las grabaciones
escondidas en el placard.

 
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Publicado por en 2012/05/13 en Escritos

 

pintura V

El suspenso, oh sí, el tan preciado y sobrevalorado suspenso. Cada uno de los pasos de rutina se hace con el único fin de lograr generarlo lo mejor posible, sin agotar la botella pero tampoco sirviéndola en un solo y deslucido vaso de plástico. El arte consiste en mantener en vilo las expectativas vacías de aquellos desconocidos felices quienes pretenden estar vívidamente interesados en lo que sucederá, fingiendo que aún no lo saben, que será algo totalmente inesperado, innovador, deslumbrante, que los dejará sin aire y los paseará por bosques intransitados. Ah, claro, la inocencia fingida… sin embargo, cada uno de ellos lo sabe mejor que nadie, igual a todos. El final es uno solo, único e invariable, así de finito y sencillo se podría describir la última estación del viaje. Lo que se hace con esta pícara herramienta, el arma de doble filo que se dibuja en suspenso, es sólo cortar; una tijera encubierta que nos gusta mostrar con múltiples máscaras y disfrace, tinta u óleo. Cuando está bien empleada, el corte realizado es fantástico, puro. Todos aplauden y se maravillan con la ‘obra’. Se desatan de todo compromiso y aquello que fue, ya no lo es más, probablemente tampoco lo será nuevamente. Cumplió con la única misión que les importaba: entretenerlos, hacerlos suspirar, quitarlos del único tren en el que pueden estar. ¿Qué más importaba si el hilo era aún más largo? Nada…

Sí, maravilloso escapismo. Las tijeras afiladas detienen la marcha sobre las vías con nuestro trabajo, sudor y sangre de vida, lo dejan flotando para lograr confundir el final con aquello que sólo fue una cima de las incontables montañas las cuales puede haber, y habrá, en cada sendero. Evitan que el desenlace predestinado sea puesto en escena, poco se ve de ese telón. Por eso siempre nos encontramos con la misma sensación de frustración, porque lo sabemos, lo vislumbramos en la más simples pesadillas lúcidas. Conocemos la parada amarga mejor que otros y ponerla a la vista nos duele casi tanto como el intento perpetuo de evitarla. La muerte engulle las obras y no las deja ver la luz una mañana más de la que fuera la de su día de nacimiento. El olvido y el suspenso, el destino severo y desastroso de nuestros esfuerzos creativos. Ya no queda energía para intentar otra pincelada que me lleve directo al olvido, no dentro de la razón, dentro de la técnica. Y volvemos con el enemigo, recurrimos a él para poder llamar la atención un poco más, quizás correr el foco, la luz de algún alma, de un par de ojos que pueda leer más allá de lo que la superficie deja ver. Así es como corro buscando un suspenso, aunque uno distinto, mismo conocido.

 
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Publicado por en 2012/04/17 en Escritos, pintura