El agujero negro que duró más o menos dos años, y que sólo lo uso a fines métricos, dejó algunas cosas olvidadas. Bueno, no es que las dejó olvidadas, sino que fueron sucesos que se dieron en este marco y, de alguna u otra forma, siento que dejaron una huella. Y, como me gustan las listas, no más las listaré en cualquier orden.
- Regreso al
culto delcrossfit. Ahora ya hace un poco más de un año desde que decidí volver a hacer una actividad física con tal de salir de casa. Fue una buena decisión, no sólo por la actividad misma (siempre hace falta), también porque me permitió conocer personas nuevas, tener un aire distinto. Venía relegando este tipo de actividad por otras más cerebrales… y quizás no lo valió. - Un agujero en el corazón, literal y metafóricamente hablando. Literal porque, haciendo unos estudios de apto físico, apareció una CIA (la cual debería ir a controlar, pero bueno… relegando de nuevo). Metafórico porque, ya saben… hay cosas que dejan marcas, pensamientos que retornan.
- La partida de Manchita. Un gato adulto (cumplió 16 años en febrero), que venía mostrando que estaba haciéndose abuelito, para finalmente despedirse. Ahora está junto con los otros tres que marcaron mi niñez, Katrina, Kenshin y Nani. Y, quién sabe, quizás también Ketchup –lagrimita.
- Viajes reprogramados y sin programar. En este punto me detendría más, pero sólo diré que ese viaje de estudio y turismo que se había agendado en 2019 finalmente se dio en (junio ’22) y que, motivo de impulso y escape, hice tres más con cero anticipación (octubre ’21, noviembre ’21 y abril ’22). Experiencias que hoy parecen sueños lejanos.
- Responsabilidades laborales aumentadas. Me dieron un cargo (noviembre ’20) que, lejos de ser algo sencillo o manejable, me genera inseguridades y, varias veces, ganas de tirar todo por la borda para verlo hundirse. Tengo apoyo, no lo voy a negar; sin embargo, la sensación de estar cometiendo actos que pueden afectar a tantas otras ramas, me hace sentir culpable antes de tiempo.
- Una mitad en cero y ahora un lento reconectar con el hábito de la lectura. El 2020 fue un año de cursadas (tanto de la uni, como de cursos y una diplomatura, como ya dije en algunos posts anteriores), muchas de las lecturas fueron de la uni. El año pasado cursé menos (dos diplomaturas, cursos varios y japonés), pero me enfrasqué en otras cosas, sin terminar ninguno de los libros que empecé. Entonces, en ambos tramos la lectura recreativa cayó (ver 2020, 2021). Pero para comienzos de este 2022, retomé con lentitud. Hasta tuve un episodio de «salir del trabajo para irme a leer hasta que me tocaba irme a dormir, durante una semana» solo para terminar el libro. Mecanismos de coping, seguro. Lo que conecta con lo siguiente.
- Darme cuenta que no todo es estudiar para tener la validación correspondiente. Desde que tengo memoria que todo es estudiar, hacer trabajos, rendir. Desde casi primer grado, pero ganando inercia en la última media década, no hacía más que sumar actividades académicas. Este año me fastidié y tiré la diplomatura que estaba haciendo por la ventana. Falta soltar un poco el tema de los cursos, estoy trabajando en eso.
- Busco sacarme la eterna sensación de que mucho de lo que hice, aunque me deja donde estoy hoy, en realidad me relegó en muchos otros aspectos. Cosas que otros consideran normales de su juventud o necesidades que podrían estar ya satisfechas, siento que las tengo como pendientes e inalcanzables a esta altura. Tampoco es que me arrepiento, solo que por ahí podría haber sido ligeramente distinto. Los what if eternos.
- Dejé el animé indirectamente, este año no sé si llego a la cantidad de 20 episodios. Y es porque me enfrasqué en dos chupa-sangres chinos: Mo Dao Zu Shi (las tres series animadas y los 50 epis del drama me los vi en menos de un mes, ahora ando con las novelas), y Genshin Impact. Creo que tengo que ir a Adictos Anónimos para sacarmelos de encima.
- La necesidad de retomar la escritura y el dibujo, incluso una ligera latencia por crear en lo material. Todo lo anterior parece estar armando el espacio para que pueda seguir esos impulsos que me agarran cuando estoy haciendo otra cosa (así sea limpiando el arenero). Cada vez es más recurrente la narración interior, sin llegar al papel. Las imagenes armándose pero tampoco siendo boceteadas.



